martes, 17 de octubre de 2017

El marxismo pro-prostitución es revisionista y un disparate misógino.

El marxismo pro-prostitución es revisionista y un disparate misógino.
3/28/2017

Texto original: https://medium.com/@JonahMix/pro-prostitution-marxism-is-revisionist-woman-hating-nonsense-2bdd45633f75#.mu576fvzd


Un fantasma recorre Twitter: el fantasma del liberal con avatar de hoz y martillo.




Comunismo: Quizá lo entiendas como eso que los simpatizantes de Bernie Sanders  te dicen que no son. O si tienes suerte, lo entiendes como la ideología que aboga por el derrocamiento de la burguesía y el establecimiento de una sociedad dirigida por la clase obrera en la cual la producción se basa en términos de necesidad humana.

Como probablemente no lo conozcas es como una ideología que defiende el trabajo asalariado, la explotación y la mercantilización. Sin embargo, lamentablemente se ha vuelto común para los comunistas tanto dentro como fuera de la red hacer exactamente esto al apoyar la prostitución.

Sí, hombres que reivindican ser guerreros contra la dominación de una clase sobre otra celebran una industria en la cual una clase… bueno, domina a otra. Andrea Dworkin estaba en lo cierto como siempre cuando dijo, “sólo cuando el cuerpo de las mujeres se vende con fines lucrativos, los izquierdistas abogan por el libre mercado.”

Antes de comentar porqué este nuevo amor por el capitalismo sexual es un absurdo despreciable, déjenme decirles: No espero que todos los que lean esto sean comunistas. No me considero un comunista ortodoxo, aunque tengo una fuerte admiración y apoyo por los movimientos revolucionarios que surgieron en el siglo pasado. Sí espero que la mayoría de la gente que lea esto tenga una noción básica de historia, lógica y ética, pues es todo lo que necesita para darse cuenta de lo estúpida que es esta idea del marxismo pro-prostitución.  

Empecemos con historia. No se puede negar que los principales gobiernos comunistas vieron la prostitución como un sistema contrarevolucionario. Uno de los primeros actos de Castro en el poder fue deportar o arrestar a los proxenetas extranjeros y los puteros que abusaron de las cubanas pobres en la Habana. Mao estableció la reeducación y la capacitación para el trabajo de ex prostituidas y prohibió el proxenetismo.

Enver Hoxha, uno de los grandes defensores de la igualdad de las mujeres en la historia comunista, se esforzó mucho por abolir la prostitución en el ejército albanés, incluso poniendo en riesgo su propio poder.  Caramba, el mismo Marx afirmó varias veces que la prostitución era la expresión de la opresión del trabajador por el capitalismo y Lenin lo vio de la misma manera como anticomunista.

Eso sí, esto por sí solo no prueba nada. El marxismo es una ciencia inmortal, constantemente sujeta a replanteo y reformulación (que no revisión). Aun siendo absolutamente posible que tanto Marx, Mao, Hoxha, Castro como Lenin estuvieran equivocados acerca de la prostitución. Incluso considerando que esos hombres hubieran sido varias veces responsables de algunas atrocidades, pregunto: ¿Por qué los varones marxistas pueden examinar las decisiones tomadas por líderes comunistas y llegar a ver su apoyo a la liberación de las mujeres como la única posición que vale la pena criticar?

He encontrado hombres que defienden fervientemente el Gran Terror de Stalin pero condenan a Mao por su “putofobia”. Hombres que no pueden cuestionar una palabra de Pol Pot pero se apresuran a despreciar a Castro por su “negatividad sexual”. No tiene por qué creer en  las historias de horror de la propaganda occidental para ver  aquí una crisis de prioridades. Pero si hay algo aún más descaradamente anti-comunista que el revisionismo histórico de este marxismo pro-prostitución, es su tergiversación de la teoría marxista para justificar la venta del cuerpo de las mujeres.

Aquellos con los que he hablado – tanto fuera como dentro de la red- no tardan en soltar las mismas (y falsas) consignas liberales: El Modelo Nórdico no funciona, la legalización reduce la trata, las mujeres prostituidas pueden sindicalizarse, etc. Quizás lancen algunos términos de moda como “autonomía” o “consentimiento”, como si el marxismo permitiera que estas ideas fueran coherentes dentro del capitalismo, imperialismo y colonialismo.

Un nuevo giro repentino de los comunistas pro-prostitución es la afirmación de que la despenalización de la prostitución significa que “las trabajadoras sexuales se apoderan de los medios de producción”. ¡Cierto! El sueño de Marx de una sociedad justa  dirigida por trabajadores es el de una mujer pobre anunciando sus servicios  a tipos blancos de clase media en Backpage. ¡La revolución ya está aquí!    

La misoginia en una reivindicación como la suya es casi difícil de entender. Afirmar que la prostitución de cualquier tipo es apoderarse de los medios de producción implica que manos, boca y genitales de una mujer sean de por sí los medios de producción susceptibles de ser expropiados. Quite la jerga comunista y obtendrá esto: El cuerpo de la mujer es una máquina para producir sexo. Los hombres emplean esa máquina colocando dinero o recursos en ella. El sexo que resulta es un producto para ser consumido.

Dígame, ¿cuál es la diferencia entre esta visión supuestamente marxista y progresista y la de los activistas por los derechos masculinos? La visión de cualquier ser humano como medio de producción es fundamentalmente anti-comunista. En todo caso, es la síntesis de una lógica capitalista que pretende tratar a los seres humanos como recursos.

El hecho de que los así llamados marxistas se alineen con posturas conservadoras anti-feministas que ven el sexo como un recurso producido por el cuerpo de las mujeres para el consumo masculino, habla del estado deplorable en el que se encuentra el auténtico socialismo revolucionario.

En la práctica, estos llamados comunistas (que son realmente capitalistas sexuales) no están seguros de cómo funcionaría la prostitución en una sociedad comunista. Y deberían no estarlo, porque cualquier respuesta sincera es horripilante.

Un vistazo rápido de antecedentes: las naciones socialistas tienen economías de planificación centralizada estructuradas para atender las necesidades de la gente. Si bien la idea de que los trabajos están repartidos mecánicamente por una oficina sombría sin interés ni pasión es un mito, todos los países que siguen la estructura marxista-leninista controlan la estructura y la función del mercado de trabajo. Las escuelas se diseñan a menudo para clasificar a los estudiantes a una edad temprana en base a sus diferentes habilidades y los cupos para estudiantes de ingeniería, medicina, carpintería, arquitectura y otros son determinados a nivel nacional por los comités de planificación.

No hay nada malo en esto, por supuesto, pero ¿qué significa eso para la existencia de la prostitución en estas sociedades? ¿Apoyan estos marxistas pro-prostitución un comité de planificación que decide el número de “trabajadoras sexuales” a la par que el número de trabajadores agrícolas o de la construcción? ¿Cómo calcularía el estado cuántas mujeres necesitan estar disponibles para que los trabajadores follaran? ¿Las escuelas empezarían a dirigir a las niñas hacia la prostitución desde bien temprano si no mostraran aptitud para otras ocupaciones?


Si hubiera escasez de mujeres en la prostitución, ¿podría el Estado reasignar a otras para llenar las vacantes? ¿podrían las mujeres negarse a follar con hombres y mantener su estatus y su seguridad dentro de la república obrera? Estas no son preguntas de listillo. No son conjeturas. Son elementos básicos de lo que los comunistas pro-prostitución están defendiendo. Y si usted no puede contestar a estas preguntas sencillas sin sonar como el encargado de una compleja organización de trata sexual, pregúntese porqué.

El apoyo de los marxistas a la prostitución traiciona todo el núcleo del proyecto comunista: crear una sociedad en la que nadie vive a costa de la explotación de otra persona. Ignora la rica historia de la resistencia comunista a la explotación de las mujeres, tergiversa la ideología de Marx para justificar un nivel de cosificación que incluso la mayor parte de los capitalistas no pueden igualar y no proporciona ni siquiera una explicación básica de cómo esta utópica “industria del trabajo sexual” podría funcionar ajena a la violación y a la trata de personas. 

El porqué los marxistas han adoptado una posición a partes iguales misógina, incoherente y absurda es difícil de explicar más allá de la rancia misoginia. Después de todo, incluso si la prostitución fuera un trabajo como cualquier otro, el apoyo entusiasta que recibe de la izquierda sería injustificado. Pero es el rol central en el mantenimiento de la relación de poder entre hombres y mujeres el que lleva ese respaldo desde lo innecesario hasta lo activamente opresivo.

No hay manera de concebir el sexo como un trabajo sin reducir los cuerpos de las mujeres a una máquina productora de sexo para ser empleada por hombres y decididamente no necesitamos marxistas que defiendan una visión que celebra la mercantilización de nuestras relaciones y trata a los cuerpos humanos como medios para un fin. Eso ya lo tenemos. Se llama capitalismo.  


Fuente
http://traductorasparaaboliciondelaprostitucion.weebly.com/

La imagen es del original

domingo, 10 de septiembre de 2017

Porno a la fuerza, el lado oscuro de la industria del entretenimiento en Japón

Esta historia es calificada como trata de personas, delito transnacional, violatorio de los Derechos Humanos. Estos relatos y otros nos muestran como la pornografía es una forma de violencia que emerge de estos delitos o directamente se trata de prostitución. Las “estrellas” que aparentemente ganan muchísimo dinero son simples formas de marketing.
Trata de personas, prostitución, y en este caso pornografía, son una continuidad. Los nombres crean la ilusión de ser cosas diferentes, pero no es así. Son todas formas de violencia en las que fundamentalmente niñas, niños y mujeres son sometidos y dañados.
Alberto B Ilieff



Porno a la fuerza, el lado oscuro de la industria del entretenimiento en Japón
Cada año, decenas de jóvenes son convencidas por "cazatalentos" para filmar escenas sexuales, con la promesa de entrar al mundo del espectáculo.
Viernes, 26 de mayo de 2017
               
Las jóvenes llegan a la industria de la pornografía a base de presión y engaños por parte de "cazatalentos".
TOKIO (EFE) -
Tenía 23 años y soñaba con ser una estrella musical cuando un hombre la abordó en una concurrida zona de Tokio y le ofreció trabajar como modelo. Ella cayó en la trampa, una red de engaños y coacciones que arrastra en Japón a miles de jóvenes a participar en filmes X cada año.

Aroma Kurumin, cuyas escenas sexuales grabadas en 2013 aún circulan por internet pese a sus esfuerzos por erradicarlas, es una de las muchas víctimas embaucadas por productoras niponas de películas AV (pornográficas), un fenómeno que comienza a salir a la luz en Japón y ante el cual el gobierno ha decidido al fin actuar.

"Pensé que era la oportunidad para cumplir mi sueño", relata la joven, cuya pesadilla comenzó con una entrevista y una sesión de fotos desnuda -le prometieron que solo tendría que posar así una vez- para una conocida revista amarillista.

La "agencia de modelos" la citó para otra sesión fotográfica y un rodaje en Saipán, en las Islas Marianas del Norte, donde se encontró rodeada de hombres que la presionaron hasta que accedió a rodar escenas sexuales por las que más tarde cobraría un salario ínfimo.

"Todo sucedió demasiado rápido. Si me oponía a algo, me decían que era la mejor vía para iniciar una carrera musical, e insistían hasta que cedía", señala Kurumin, educada en un país donde la mujer nunca debe llevar la contraria, y menos una joven.




Aroma Kurumin es el seudónimo que emplea ahora esta veinteañera como youtuber y activista para concienciar a otras chicas y evitar que muerdan el anzuelo de la poderosísima industria nipona del entretenimiento.

Estos conglomerados mediáticos acaparan cadenas de televisión, discográficas, editoriales, agencias de "talentos" o productoras AV, y son una máquina de engullir aspirantes a estrellas que resultan presas fáciles en manos de profesionales del engaño.

"El problema existe desde hace años aunque ahora se empieza a hablar de él", dice Aiki Segawa, portavoz de la ONG de apoyo a víctimas del tráfico sexual Lighthouse, quien añade que el fenómeno "sigue siendo tabú en Japón".

Esta organización basada en Tokio ha recibido más de 40 solicitudes de ayuda de chicas obligadas a rodar porno en lo que va de año, y ha visto crecer el número de peticiones desde una sola en 2012 hasta un centenar en 2016.

El perfil habitual de la víctima es una joven de entre 18 y 25 años -aunque también hay 5% de varones- y aspirante a una carrera en la moda, la música o el cine.

Además de "cazatalentos" que abordan a las chicas en la calle, los métodos de captación incluyen anuncios en revistas, online e incluso en camiones publicitarios, que prometen jugosos sueldos para trabajos como modelo o azafata a tiempo parcial.

Las interesadas acuden a entrevistas donde se les persuade de firmar contratos poco claros, y luego se les chantajea de diversas formas para participar en los rodajes. También ha habido casos de amenazas físicas y agresiones, e incluso violaciones grabadas y distribuidas como películas, señala la portavoz de Lighthouse.

Un informe reciente de otra ONG, Human Rights Now, recoge el caso de una joven que se suicidó al no poder soportar que los videos X en los que aparecía no dejaran de distribuirse.

Las víctimas se sienten "demasiado avergonzadas o asustadas para pedir ayuda o para hablar de su experiencia", subraya Segawa, quien añade que las afectadas "se culpan a sí mismas y se creen únicas responsables de su situación".

27% de las jóvenes contratadas por "agencias de talentos" han sido requeridas para grabar escenas sexuales, y 8% accedió, según una encuesta entre unas 2,500 aspirantes a estrellas llevada a cabo a comienzos de año por el gobierno, que ha puesto en marcha una campaña de concientización.

Las ONG reclaman normativas laborales más estrictas para prevenir los abusos, un mayor control sobre las "agencias de talentos" o que los filmes X se rueden bajo supervisión para garantizar que todos los actores participan de pleno consentimiento.

Segawa, no obstante, admite la "dificultad" de controlar al monstruo de la industria nipona del porno, la mayor del mundo con una facturación anual 4,400 millones de dólares y con una proyección creciente en China y otros mercados.

Fuente:

http://expansion.mx/tendencias/2017/05/26/porno-a-la-fuerza-el-lado-oscuro-de-la-industria-del-entretenimiento-en-japon




sábado, 9 de septiembre de 2017

Diario de una religiosa rebelde: la monja de clausura que rescata a las mujeres trans de las adicciones y la prostitución

Testimonio de prostitución


Diario de una religiosa rebelde: la monja de clausura que rescata a las mujeres trans de las adicciones y la prostitución

Mónica Astorga es monja de clausura. Desde hace 11 años ayuda a mujeres trans a recuperarse de las drogas y el alcohol y a tener trabajos formales para salir de la prostitución. Dice que la Iglesia "es machista" y pregunta: ¿Quiénes somos para decirle a una gay, una lesbiana o una mujer trans qué tiene que hacer con su vida?
Por Gisele Sousa Dias 9 de septiembre de 2017
gsousa@infobae.com


Mónica y sus amigas trans. Kati, a su izquierda, abraza a su perro (Gentileza Pablo Isola)


Cuando Mónica conoció a Katy tenían casi la misma edad pero sus vidas estaban en dos extremos. Mónica era monja de clausura en el monasterio de las Carmelitas Descalzas, en Neuquén. Katy era una mujer trans que sobrevivía con la prostitución desde la adolescencia, tenía VIH y era alcohólica. La monja se sentó con Katy y con otras dos mujeres trans que estaban en la misma situación, les dijo que había que hacer algo con sus vidas y, para buscar un hilo del que tirar, les preguntó cuáles eran sus sueños: una dijo que quería ser cocinera, otra dijo que quería tener su propia peluquería. Katy, que ya veía en qué condiciones terminaban las vidas de sus compañeras de la calle, le dijo: "Yo quiero una cama limpia para morir".


La hermana Mónica. Atrás, Katy (“soñaba con una cama limpia”), Victoria (“soñaba con ser peluquera”) y Luján (“quería ser cocinera”).

"Fue hace 11 años y para mí esa frase fue un detonante", cuenta a Infobae Mónica Astorga Cremona (52) desde el monasterio en el que vive, en las afueras de Neuquén, y el canto cercano de los gallos la ubican en su contexto. En ese entonces, Katiana Villagra (54) -Katy- vivía en una habitación precaria a pocas cuadras del centro de Neuquén junto a otras mujeres trans que tampoco tenían más opción que prostituirse. Los vecinos querían que se fueran, por eso a Katy le incendiaron la habitación.

"¿Ves? -dice ahora Katy-. Así era y sigue siendo la vida de una travesti. Si no te morías de una forma, te mataban de otra". Se refiere a la muerte joven por las complicaciones del VIH, a las adicciones, a los hombres que las buscan en la ruta y luego las atacan o las asesinan, a los abusos de la Policía y de los proxenetas y a las emboscadas de los mismos vecinos.


Mónica y Katy. “Ella se puso nuestra mochila al hombro”, dice Katy sobre “La hermana Mónica”.

"Cuando conocí a Mónica -sigue- yo veía que cada vez que una de mis compañeras de la calle llegaba a la etapa final del VIH, la mandaban a morir a casa. Como la mayoría fuimos desarraigadas, expulsadas de nuestras familias, nos acompañábamos en la fase final entre nosotras. Yo reparaba en que las camas estaban siempre sucias, y era por la medicación que había que darles y por la comida que había que tratar de pasarles por unos tubos. Y me parecía tan triste morir así, tan jóvenes y en una cama tan sucia".

Katy estaba convencida de que ella era la próxima. Vivía con VIH y tenía poco más de 40 años, cuando el promedio de vida de las mujeres trans es de 35 años, según datos de la Asociación de Lucha por la Identidad Travesti-Transexual (ALITT).

"No las aceptaba nadie -recuerda Mónica-, tampoco la Iglesia que es tan machista. Tenían que salir a prostituirse después de las 2 de la mañana, porque antes estaban los más jóvenes que les tiraban piedras y botellazos. Y tenían que esconderse antes del amanecer, porque a la mañana los padres llevan a los chicos al colegio. Por eso yo digo que son y siguen siendo la basura de la sociedad: la basura se saca a la noche y de día tiene que desaparecer para que la ciudad amanezca limpia".

No había forma de que alguien les alquilara un lugar donde vivir. Hasta que una señora les alquiló su casa y explicó por qué: un día, mientras su marido le pegaba, una mujer trans dejó su parada en la ruta, intervino y le dio una advertencia al golpeador: 'si le seguís pegando, te muelo a palos yo". Mónica, de a poco, empezó a tocar contactos para ver cómo ayudarlas a dejar la prostitución.




Armaron una peluquería y Katy empezó a coser en una cooperativa. "Pero no fue nada fácil, había que motivarlas todos los días. Ellas venían de ganar mucha plata en una noche y te imaginas lo que ganaban en un taller de costura. Ellas decían que tenían que vivir el hoy: ganaban mucho y gastaban mucho porque sabían que sus vidas iban a ser cortas". Katy empezó a atender el taller de costura desde temprano pero seguía estando enferma: "Desayunaba vino", cuenta Mónica.

La monja entendió que el alcohol era lo que le había dado fuerza y anestesia para vivir la vida que tenía, y le tuvo tanta fe y paciencia que Katy lo logró. Hace 7 años dejó la prostitución. Después, empezó un tratamiento en Alcohólicos Anónimos y hace 4 años y cinco meses que está "limpia". Ahora dirige su propio taller de costura: se llama "Renacer". "Ay, perdón", dice Katy, y hace un silencio breve al otro lado del teléfono. Es que cuando nombra a Mónica y cuenta lo que significó que alguien le tuviera fe después de 30 años lejos de su familia, se emociona.

El boca en boca hizo el resto: desde aquel día en que Katy le dijo a Mónica aquello de la cama limpia, ya pasaron por el monasterio 90 mujeres trans. Hoy, una de ellas es asesora de una concejal, otra trabaja en la Dirección de Diversidad; otra en la Oficina de Violencia contra la mujer, y dos de ellas pudieron acceder a los cupos para mujeres trans en empresas privadas. Una trabaja en un Rapipago como cajera, la otra en una clínica como mucama.




Por lo que hace, Mónica recibe críticas, amenazas e insultos, no sólo en sus redes sociales. "El otro día, una tía me gritó 'tantos niños abandonados y vos protegiendo a esos trolos enfermos, habría que matarlos a todos'. Me dolió mucho, aunque agradezco recibir esos insultos porque me ayudan a sentir lo que sienten ellas desde que se levantan hasta que se acuestan", dice Mónica. "Acá se juegan varias cosas que generan resistencias. A muchos les choca que una Carmelita Descalza y encima mujer esté metida en un lugar que nadie quiere tocar".

La misión de una monja de clausura es, en esencia, la oración y el silencio. Pero si hay algo que la Hermana Mónica no hace es callarse. "Hace poco, una mujer muy creyente me preguntó: ¿Usted les dice que viven en el pecado, no? Y yo pienso: ¿Vos quién sos para cerrarle las puertas de la Iglesia a una mujer trans? ¿Quién sos para decirle que tiene que vestirse como hombre? ¿Quién sos para decirle a un gay o una lesbiana qué puede hacer con su vida? Eso confundimos dentro de la Iglesia, nos creemos tan perfectos que pensamos que tenemos autoridad para decirle al otro quién tiene que ser", opina.


Con Lizzy Tagliani, en julio, cuando pasó a visitar a Mónica por el taller de costura.

Pero entre los insultos, Mónica también recibe mails del Papa Francisco, a quien conoce desde que era Jorge Bergoglio. En uno, el Papa le escribió: "En la época de Jesús, los leprosos eran rechazados así. Ellas son los leprosos de la actualidad. No dejes el trabajo de frontera que te tocó". La vida de Mónica también recibió el interés de una periodista rosarina que plasmó su historia en un libro llamado "Acariciar las heridas".


Mónica y Kiara, una mujer trans que acaba de cambiar su nombre en el DNI. Es guía de turismo y está estudiando para tener una peluquería canina.

Después de recibir premios de parte de asociaciones lésbico-gays, Mónica empezó a viajar por el país para hacer un diagnóstico más preciso: "En Santiago del Estero, una chica trans me contó que la habían violado entre 7 hombres, no podía caminar. Les hacen lo que quieren y si te morís, te morís. El otro día una me contaba que un hombre fue a buscarla y cuando quedó sexualmente satisfecho empezó a golpearla. Le decía 'me hiciste caer puto de mierda, desaparecé de acá'. A los tres días fue a buscarla de vuelta".

A veces las golpean, otras directamente las matan. A mediados de agosto, Mónica viajó a Tucumán porque una chica trans de 31 años había aparecido asesinada y desnuda detrás del Lawn Tennis. La habían asfixiado contra el piso, por eso tenía pasto y tierra en la boca. Como rara vez estos crímenes se visibilizan, la monja empezó a llevar su propia lista de travesticidios: lleva contados 19 en los últimos dos meses.

Viendo cómo eran sus vidas adultas, Mónica decidió empezar a destejer la trama: ¿Qué habría sido de sus vidas si no las hubieran expulsado de sus casas y del colegio?, se preguntó. Así, se puso en contacto con Gabriela Mansilla, una mamá que pudo escuchar lo que le pasaba a uno de sus mellizos y logró que, a los 6 años, pudiera cambiar su nombre de varón en el DNI por el que había elegido: Luana. Lo que sigue ocurriendo con la niñez trans dejó perpleja a Mónica.

"El otro día me llamó Gabriela. Tenía que ir a dar una charla a un colegio católico de Quilmes. La llamaron porque había una nena trans de 5 años y los padres de varios alumnos le habían mandado a decir a la nena, a través de sus hijos, que la iban a matar a palos. Cuando Gabriela fue, algunos padres la insultaron, otros se levantaron y se fueron. Muy poquitos se quedaron a escuchar", cuenta Mónica.


La foto forma parte del libro “Acariciar las heridas”, de María Laura Favarel (Pablo Isola)

"Los padres no mandan a sus hijos a los cumpleaños de estos chicos. ¿Y sabés qué pasa cuando son más grandes? Mirá, el año pasado me invitaron a dar una charla a alumnos de 4° año de Medicina del Hospital Austral. A mí me pareció una cosa de locos y se los dije: 'La verdad, no me entra en la cabeza que yo le tenga que explicar a médicos y a futuros médicos cómo tratar a un ser humano", cuenta.

Después, se despide. En el monasterio están haciendo alfajores y dulces artesanales. Katy también se despide: tiene que terminar de coser 50 ambos que le encargaron en una clínica.

Fuente:


Nota: las fotografías aparecen en la noticia original





domingo, 3 de septiembre de 2017

La otra cara de la pornografía que el lobby del cine X trató de ocultar
Ismael López trabaja como periodista en el mundo del porno: denuncia desde irregularidades con los pagos o con los análisis de sangre hasta un lobby del sexo con fuerte relación con la prostitución.


Foto de archivo de un rodaje porno

MADRID
02/09/2017
BEATRIZ ASUAR GALLEGO

Hace unos meses Ismael López publicó por internet Escúpelo, un libro que cuenta la historia de un joven periodista que vive en el backstage del Cine X, escribiendo para personajes de moda y siendo testigo de los abusos de la industria. Ismael relata esta historia contando su vivencia en un casting porno y con la que busca desvelar el "funcionamiento corrupto de esta industria" y "promover el pensamiento crítico sobre el negocio".

Sin embargo, el autor ha retirado el libro de la red, y afirma que la mayoría de artículos escritos sobre él también han sido despublicados. Varias colaboradoras que participaron en la difusión de Escúpelo también han borrado sus escritos: "Por presiones se ha eliminado todo", cuenta para Público el autor. "Presiones del lobby de la pornografía", asegura.

Durante un par de años, Ismael estuvo trabajando como colaborador de varias revistas, publicando artículos en los que "explotaba la faceta humana de las actrices, como mujeres fuertes e independientes que hace esto como algo vocacional". Entonces, cuenta que tenía una imagen muy mitificada del porno, hasta que asistió a "un rodaje real" en el que vio diferentes abusos que le llevaron a tomar la decisión de alejarse por completo de este mundo.
Ismael cuenta que en los casting porno como en el que él estuvo los hombres suelen pagar en torno a unos 1.000 euros por participar. Pero las mujeres no pagan, si no que cobran. “Un casting lo puedes interpretar como quieras, yo personalmente, creo que es una forma de prostitución con cámaras. De hecho, la diferencia para mi entre un proxeneta y determinados productores porno es que tienen una cámara que graba en HD” declara el autor.

El escritor y periodista Ismaél López


De esta forma, se esconden eventos de prostitución como si fuesen rodajes pornográficos o "eventos deluxe", afirma el autor. "El truco es vender algo que es prostitución pero sin decirlo" señala, afirmando que de esta forma muchas actrices porno participan en estos eventos sin estar bien informadas de lo que va a ocurrir.

"Yo solo conozco la punta del iceberg de los abusos que ocurren" cuenta el escritor, pero en esta parte pequeña que dice conocer ya denuncia abusos sexuales, "la brutalidad de los chicos durante las escenas sexuales era insoportable". Según él, vivió violencia durante el rodaje, vio quejas y vio que no se hizo nada: "Daba la impresión de que la idea de los asistentes era valer su dinero".

También señala irregularidades con temas relacionados con la salud. Para las producciones porno suelen contar que se realizan análisis de sangre, pero Ismael dice que solo ha visto "análisis por contrato: te sacar una gotita de sangre y se moja en un papel y por lo visto te dicen si tiene SIDA, pero consultando posteriormente con médicos eso es falso. No tiene ningún tipo de veracidad".

Otro irregularidad es la economía en negro: "Yo he visto más economía en negro que normal. No he visto declarar muchos impuestos…" Y es cierto que son conocidos varios casos de actores y productores imputados por economía en negro. "Esto supone un serio peligro porque no estás dado de alta a la seguridad social por lo que si pasa algo puedes tener muchos problemas. No critico a las actrices, pero es un problema para la salud".

Dice que no puede dar cifras del dinero que mueve el porno por la gran parte del dinero en negro. Sin embargo, afirma que, como en cualquier empresa, los altos cargos ganan en exceso, las actrices de élite también, pero la mayoría de ellas – que no lo son y que no tienen voz ni en los medios ni en la industria - tienen cachés muy bajos y que es "imposible que se mantengan solo con el dinero que ganan de ahí". Y volvemos al tema de la prostitución: "En muchos casos la pornografía sube el precio de la prostitución, el caché como prostituta. El porno crea prostitutas más caras", y por esto, se recurre a la prostitución.


Portada del libro Escúpelo de Ismaél López

¿Es posible un porno feminista?
Caras nuevas del mundo de la pornografía se declaran feministas. Hay productoras que dicen hacer porno feminista. ¿Es posible realmente cumplir con esto? "Si se busca algo positivo para la mujer debería empezarse a hablar de los delitos y del silencio que ocurre dentro de la industria. Un negocio que coerciona, amenaza y tapa el dolor ajeno no puede ser feminista". Ismael aprovecha para denunciar que el giro de la pornografía hacia el feminismo y la izquierda está mercantilizado.
Esta corriente parece que ha conseguido convertir el porno (y de paso, la prostitución) en una forma de empoderamiento femenino aludiendo al argumento de la "libre elección". Sin embargo, el autor dice que no ve ninguna diferencia entre éste porno "nuevo" y el de hace años: "entrevistas pactadas, mujeres que se retuercen nada más tocarlas y tipos que gimen como bestias. ¿Quizás el plano esté más cuidado y los actores saben quién es Da Vinci? Ya te digo que desde que lo vi por dentro me di cuenta de que era el mismo perro con distinto collar".
A pesar de la despublicación del libro, Ismael dice que no se ha rendido y que quiere seguir investigando sobre pornografía. Está trabajando en una segunda edición de Escúpelo, y afirma que, seguramente, en unos meses habrá más información.

Fuente
http://www.publico.es/sociedad/cara-pornografia-abusos-dinero-negro-prostitucion.html

Nota: las imágenes pertenecen a la publicación original





viernes, 25 de agosto de 2017

«La prostituta feliz no existe», es un engaño ideológico apoyado por proxenetas, burdeles y clientes

Julie Bindel ha entrevistado a decenas de prostitutas en 40 países

«La prostituta feliz no existe», es un engaño ideológico apoyado por proxenetas, burdeles y clientes

Hay quien, por razones ideológicas, sostiene la prostitución puede ser liberadora: la realidad que muestra este reportaje lo desmiente.

22 agosto 2017


"La mayoría de las 'trabajadoras sexuales' son esclavas actuales. La prostitución raramente es una elección, si es que lo es alguna vez": así titula y resume Julie Bindel un amplio reportaje en el veterano semanario británico The Spectator, donde denuncia la existencia de una connivencia entre el lobby de los interesados en legalizar la prostitución (proxenetas, dueños de burdeles y clientes) y el lobby ideológico que la ve como una "liberación" de la mujer. Julie Blindel, lesbiana y feminista, es conocida en el Reino Unido por su oposición a los vientres de alquiler y su rechazo a las imposiciones lingüísticas de la ideología de género, que considera "el último asalto del lobby transexual contra la feminidad".

Traducimos el reportaje a continuación (los ladillos son de ReL):




En medio de la atrocidad que supone la esclavitud moderna, que afecta sobre todo a hombres vulnerables forzados a trabajos no cualificados, existe en el Reino Unido una forma de abuso aún peor. Este abuso lo podemos ver en cada metrópolis, en cada ciudad y en cada pueblo. Es endémico en todas las culturas y regiones del mundo y, sin embargo, actualmente se justifica en nombre de la "liberación". Nos hemos acostumbrado a pensar en la prostitución como una forma legítima de ganarse el sustento, incluso de "empoderamiento" de las mujeres. Lo llamamos "trabajo sexual" y lo ignoramos. No deberíamos hacerlo.

La "prostituta feliz", un mito
En los últimos tres años he investigado la prostitución en el mundo para verificar si es cierto, como dice la sabiduría popular, que es una elección tan válida como cualquier otra. He llevado a cabo 250 entrevistas en 40 países, he entrevistado a 50 supervivientes del comercio sexual y la respuesta ha sido en casi todos los casos siempre la misma: no hay que creer en el mito de la "prostituta feliz" que se ve en la televisión. Prácticamente siempre es esclavitud. Las mujeres que trabajan como prostitutas tienen una deuda que pagar y están en aprietos. Necesitan ser rescatadas como cualquiera de las otras víctimas de la esclavitud moderna.

Los defensores del mito: una coalición de intereses
Uno de los descubrimientos más inquietantes que he hecho es que las voces que resuenan con más fuerza para que se legalice y se normalice la prostitución proceden de las personas que se benefician de ella: los proxenetas, los clientes y los propietarios de los burdeles. Han tenido éxito hablando en nombre de las mujeres a las que esclavizan. Las personas que conocen de verdad cómo funciona el comercio sexual han sido amordazadas por un lobby poderoso de ideólogos "progresistas" engañados y por quienes especulan con dicho comercio.



Abuso, alcohol, drogas...
Como me dijo Autumn Burris, una ex prostituta de California, que se fugó a finales de los años noventa: "Tenía que decirme muchas cosas, muchas mentiras, para que mi cerebro no estallara en miles de pedazos, enloqueciendo, debido al abuso continuo que sucedía una y otra vez, y a la violencia que entraña la prostitución". Autumn hace campaña en favor del fin del comercio sexual y lleva a cabo cursos de formación para oficiales de la policía y otros profesionales acerca de la realidad de la prostitución.

Una superviviente del comercio sexual en Alemania, Huschke Mau, lo expresó así: "Cada vez que tenía un cliente tenía que beberme no un vaso de vino, sino la botella entera. Si estás sobria y no tomas drogas, te es imposible tener sexo con el cliente. De hecho, cuando dejé de beber, tuve que dejarlo".

En el origen: la epidemia de sida
Si la prostitución equivale a la esclavitud, entonces ¿por qué diablos los defensores de los derechos humanos y muchas otras personas de izquierdas apoyan que la prostitución es un "trabajo" para las mujeres y un "derecho" de los hombres?

Todo empezó cuando surgió la campaña contra el VIH/sida. Entonces pareció lógico legalizar los prostíbulos y el proxenetismo, y crear "zonas de tolerancia" en las calles, como la que hay en Leeds. La "lógica" de esta postura era que si se eliminaban todas las sanciones criminales, las prostitutas estarían vinculadas a organismos de apoyo lo que llevaría al 100% de utilización del preservativo. Esto, a su vez, reduciría drásticamente los índices de VIH, argumentó el lobby pro-legalización de la prostitución, y terminaría con el asesinato de las prostitutas a manos de sus chulos y clientes.

Ésta era la teoría. Pero he visitado una serie de burdeles legales en Nevada, Alemania, Holanda y Australia y he examinado las afirmaciones de los defensores de la legalización y el resultado ha sido que sus argumentos -la base de nuestro debate sobre la prostitución, hoy- sencillamente no se sostienen.

Los efectos de la legalización
La legalización de la prostitución en Alemania, Holanda y Australia no ha llevado a una disminución de la violencia, de los índices de VIH o del asesinato de mujeres. En Melbourne me he reunido con la activista de los "derechos de las trabajadoras sexuales" Sabrinna Valisce quien, confrontada con la realidad de la despenalización, ha cambiado, muy a su pesar, de opinión: "Pensaba que las cosas mejorarían si todo se legalizaba y se legitimaba, pero lo único que se ha conseguido es dar mayor poder a los clientes y a los propietarios de los burdeles".

Lo que comporta la legalización es que los tan cacareados derechos y libertades de los que se dice disfrutan las prostitutas sean reclamados por los propietarios de los prostíbulos y los clientes. Es fácil: simplemente se definen a sí mismos como "trabajadores sexuales" y recogen los beneficios. He oído a varios miembros de lobbies pro-legalización definirse como "trabajadores sexuales" además de proxenetas.



Comercio sexual: una dimensión "aterradora"
La verdadera magnitud del comercio sexual global es aterradora. He visitado un pueblo en la India dedicado enteramente a la prostitución y en el que he conocido a un hombre que prostituye a su hija, su hermana, su tía y su madre. He entrevistado a proxenetas en los mega-burdeles de Múnich, en los que los hombres pagan una tarifa plana que les permite usar la cantidad de mujeres que quieran. En el Sudeste asiático he visto a hombres mayores del Reino Unido pagar por una "cita" con una adolescente en los girly bars.

He descubierto que a pesar de lo que digan los defensores de la prostitución, las mujeres y niñas que se dedican a ella proceden la inmensa mayoría de ambientes violentos, muy pobres y marginados. Ni son libres ni empoderadas: son víctimas de abusos y están atrapadas.

También abusos en la prostitución masculina
No debemos olvidar que esto sucede también con los chicos. Durante un visita a Los Angeles conocí a Greg, nacido en una familia que tenía conexiones con la mafia. Desde que era muy pequeño había sido objeto de abusos sexuales por parte de hombres poderosos. En su adolescencia conoció a un proxeneta y fue vendido para ser utilizado sexualmente durante seis años antes de que consiguiera escapar. Greg rechaza la idea de que vender sexo forme parte de la cultura homosexual.

¿Excepción o interés?
En Amsterdam entrevisté a la mujer que acuñó la frase "prostituta feliz". Actualmente Xaviera Hollander dirige un B&B llamado Happy House. Yo estaba convencida de que había llegado a ser rica y famosa como resultado del éxito estratosférico de su libro The Happy Hooker: My Own Story, que había vendido veinte millones de copias en todo el mundo. Pero lo que descubrí durante esa comida es que lo que le dio fama y fortuna fue vender a otras mujeres. Me contó que fue prostituta durante unos seis meses, sólo para aprender cómo comerciar con el sexo. "Cambié mi pequeño apartamento por un apartamento de cinco habitaciones en un ático en un tiempo récord", me dijo con orgullo.

Hollander se parece bastante al mito de la "prostituta feliz" que vemos en los medios de comunicación. Pero compramos la mentira porque es conveniente creer en ella.

"No quiero que ella disfrute"
He entrevistado a una serie de clientes, tanto en el Reino Unido como en otros lugares, y esto es lo que suelen decir: "No quiero que ella disfrute, esto me arrebataría algo". Y: "Me gustan las prostitutas porque hacen lo que les digo, no como las mujeres reales". ¿Y qué les parece ésta?: "No es distinto a comprar una hamburguesa cuando tienes hambre y tu mujer no te ha cocinado nada".

El sexo no es un derecho humano
Si a los defensores de la prostitución les digo que nada terrible les sucederá a los hombres si no pueden pagar para tener sexo, las quejas que oigo son siempre las mismas: "Pero, ¿qué me dice de los hombres minusválidos? ¿Cómo conseguirán tener una cita?". Cuando les digo que el sexo no forma parte de los derechos humanos, me cuentan de la madre que le compró a su hijo, víctima de una grave minusvalía, una prostituta por su cumpleaños, o del héroe que vuelve de una guerra sin sus piernas y que tiene "derecho" a pagar por una mujer.

Encerradas
Pero consideremos ahora esos millones de mujeres oprimidas. ¿Qué pasa con sus derechos? En uno de los prostíbulos de Nevada que he visitado, las mujeres se quedan encerradas en él durante toda la noche. Los altos muros están rodeados de alambre espinado. También en Seúl, Corea del Sur, las mujeres se quedaban encerradas dentro de los burdeles por la noche... hasta que un incendio mató a 14 mujeres jóvenes en 2002. Si las gallinas en jaula en batería fueran tratadas así, con razón habría una protesta por parte de los mismos liberales de izquierdas que remueven cielo y tierra para defender este repugnante comercio de carne humana.

Durante un breve viaje a Auckland visité la zona de prostitución de la ciudad. Con frecuencia nos dicen que Nueva Zelanda es el patrón oro en lo que a comercio sexual se refiere. El Home Office Select Committee (su presidente, Keith Vaz, tuvo que dimitir tras ser acusado de haber pagado por tener sexo con hombres jóvenes) estaba intentando adoptar un modelo similar de despenalización para el Reino Unido.

En las calles conocí a Carol, que parecía tener setenta años pero era mucho más joven, y que utilizaba un andador para descansar entre cliente y cliente. Me dijo que desde que la prostitución había sido despenalizada trece años antes, nada había mejorado para las mujeres: los clientes seguían siendo violentos y a la policía no le importa, como tampoco a los defensores de los derechos humanos. Mientras las mujeres en todo el mundo luchan para que se acabe la violencia y el abuso, el Partido Laborista y Amnesty International, por nombrar dos organismos públicos, las traicionaban.



Cambiar de nombre a las cosas no cambia su naturaleza
El modo más eficaz de enmascarar un terrible abuso de los derechos humanos es cambiarle de nombre. Un estratega pro-esclavitud de las Indias Occidentales sugirió una vez que en lugar de hablar de "esclavos", los "negros" debían ser llamados "asistentes de las plantaciones". Así "no oiríamos esas protestas tan violentas contra el comercio de esclavos por parte de teólogos píos, poetisas de corazón tierno y políticos con poca visión de futuro". El término "trabajadora del sexo" tiene el lustre adecuado.

Fue Barack Obama quien dijo que el tráfico de personas debería ser renombrado como "esclavitud moderna" para poner en evidencia las terribles condiciones en las que viven estas personas. El Modern Slavery Act de Gran Bretaña fue aprobado en 2015. Se funda en la idea de que no hay lugar para la ambigüedad cuando examinas las circunstancias de las personas protegidas por esta ley: las condiciones en las que viven y su incapacidad para huir de ellas.

Lo mismo se aplica a la prostitución: no es "trabajo sexual". La mayoría del tiempo es esclavitud moderna.

Traducción de Helena Faccia Serrano.


http://www.religionenlibertad.com/prostituta-feliz-existe-engano-ideologico-apoyado-por-58829.htm





Cinco mitos sobre la “asistencia sexual”

Cinco mitos sobre la “asistencia sexual”
Ana Pollán
Estudiante del Grado de Filosofía, feminista abolicionista, republicana y defensora de la escuela pública. Anticapitalista.

Cuando escribo algo para publicar en un medio de comunicación o redes sociales, nunca hago referencia a mis circunstancias personales. Me parece innecesario y carente de interés en un escrito de carácter público. Pero en esta ocasión, y porque puede ser útil para la claridad expositiva de estas líneas, haré una referencia a una en concreto. Creo, no obstante, que no es necesario ser discapacitad@ para posicionarse en este tema ni que por el hecho de serlo yo exprese el posicionamiento de la totalidad del colectivo. Sin embargo, y como a las feministas abolicionistas (permitidme la redundancia) se nos acusa de hablar de situaciones que no vivimos en primera persona, me parece útil aportar el dato de que yo misma sufro una discapacidad, parálisis cerebral infantil mixta, sobrevenida por una negligencia médica en el parto, que me provoca dificultades, no extraordinariamente graves pero evidentes, en el habla y en el movimiento.
Bien, dicho esto –que debería ser prescindible en tanto que lo fundamental es la elaboración de los argumentos y la defensa clara de ciertos principios– intentaré en este artículo desmontar los argumentos que se ofrecen a favor de la asistencia sexual a personas con discapacidad.


1. Mito: La asistencia sexual cumple una función social. Satisface una necesidad.
La sociedad tiene la obligación de velar por el cumplimiento de los Derechos Humanos. Todas las personas, independientemente de nuestro sexo, edad, procedencia, discapacidad, etnia, religión… tenemos derecho a ser tratadas con dignidad. Esto implica que ninguna institución, ley o persona puede infringir ninguna discriminación o violencia de ningún tipo sobre otra por las circunstancias antes citadas. Así, nos hemos reconocido el derecho a la sanidad, la educación, a una vivienda digna, a una familia o institución que nos proteja en la infancia… En definitiva, al acceso a todos aquellos recursos y cuidados que nos posibilite vivir de forma digna. Ahora bien, el sexo, o el placer sexual, no es una necesidad, y por tanto, no es un derecho. Es un deseo. Se puede vivir sin sexo; un@ se puede realizar de múltiples formas… estudiando, leyendo, viajando, cultivando amistades, pintando, cuidando animales, implicándose en causas sociales aunque carezca de la posibilidad de tener sexo…
   
      No conviene confundir deseo con necesidad (algo propio del patriarcado y del capitalismo).

Con esto no pretendo realizar un alegato en contra del placer sexual, ni pienso que no sea importante, ni deseable, ni beneficioso. Todo lo contrario, creo que es estupendo tener la posibilidad de sentirlo. Pero no conviene confundir deseo con necesidad (algo propio del patriarcado y del capitalismo).

2. Mito: La asistencia sexual no tiene nada que ver con la prostitución.
Rotundamente falso. Tod@s sabemos que siempre ha sido habitual que, cuando un hombre tiene una discapacidad y encuentra dificultades para establecer relaciones sexuales, a menudo solicita o es invitado a solicitar los “servicios” de una prostituida. Por tanto, los hombres discapacitados que recurren a servicios sexuales se comportan exactamente igual que cualquier otro putero: hacen uso de un privilegio ilegítimo que les beneficia a ellos y que perjudica a la prostituida en tanto que es utilizada sin importar cómo le afecte ser objetualizada por otro, y a las mujeres como colectivo (como “clase”) en tanto que se nos presenta a todas como seres humanos secundarios disponibles para satisfacer los placeres de los varones.
    
     Los hombres discapacitados que recurren a servicios sexuales se comportan exactamente igual que cualquier otro putero: hacen uso de un privilegio ilegítimo que les beneficia a ellos y que perjudica a la prostituida

Además, los hombres discapacitados no son los únicos que tienen dificultades para tener sexo con otras personas. Si no justificamos que los hombres que no tienen sexo, o no como desean, por el motivo que sea, recurran a la prostitución, no es justificable que, por el hecho de tener una discapacidad, se convierta en legítimo someter a otra persona a sus deseos sexuales.



3. Mito: Las personas con discapacidad, si no es mediante la asistencia sexual, jamás sentirían placer.
Esta afirmación se puede basar en dos tesis. A) Que, dada una severa discapacidad física, no tienen la posibilidad de masturbarse, de acceder manualmente a sus propios genitales u otras zonas del cuerpo que deseen estimular. O B) Que, dado el estigma y los prejuicios, no podrán encontrar nunca a una persona dispuesta a mantener relaciones sexuales con él o con ella.

En el primer caso (A), se nos ocurren dos contra-argumentos. El primero que, antes de someter a otra persona (casi siempre mujer) a tener que satisfacernos y por tanto instrumentalizarla, sería oportuno que, igual que se ha demandado la fabricación de “juguetes” eróticos con una perspectiva no coitocéntrica y desde el feminismo se ha propuesto fabricar nuevos “juguetes” eróticos que favorezcan aumentar las posibilidades de sentir placer para las mujeres, se debe demandar la fabricación de este tipo de herramientas que tengan en cuenta las posibles dificultades físicas del/de la usuario/a. (Por supuesto, no deseo establecer ningún paralelismo entre mujeres y personas con discapacidad). No creo que sea complicado encontrar algunas herramientas oportunas para dicho fin salvo en casos de discapacidad e inmovilidad extraordinaria y extremadamente severos. El segundo contra argumento ya lo hemos dicho: nadie se muere por no sentir placer sexual, ergo no es una necesidad.

En el segundo caso (B), lo vemos claro. Difícilmente vamos a contribuir a eliminar el estigma y los prejuicios que recaen sobre las personas que tenemos alguna discapacidad y nuestras capacidades para dar y recibir placer (que, efectivamente ese estigma existe y de forma extendida, no lo niego y nos afecta a la inmensa mayoría dificultándonos notablemente la posibilidad de tener relaciones sexuales) si claudicamos y aceptamos la asistencia sexual como única salida. Mejor sería ir a la raíz del estigma y acabar con él buscando una sociedad abierta, inclusiva, sin tabúes y menos superficial.

4. Oponerse a la asistencia sexual supone una discriminación y un ataque directo a quien sufre una discapacidad.
No. Es al contrario. Exactamente al contrario. Aceptar que la única posibilidad de las personas con discapacidad es recurrir a la asistencia sexual (en castellano, a la prostitución) es un insulto para todas las personas con discapacidad. No sé al resto de discapacitad@s, pero a mí, el mensaje que me llega desde quienes defienden la “asistencia” es exactamente este: “dais tanto asco, sois tan inútiles, que nadie, si no es por dinero o por compasión, tendría sexo con vosotr@s”. Peor ataque, peor estigma, mayor discriminación, peor mensaje, peor insulto a l@s discapacitad@s que ese, no se me ocurre.

    Aceptar que la única posibilidad de las personas con discapacidad es recurrir a la asistencia sexual (en castellano, a la prostitución) es un insulto para todas las personas con discapacidad.

Así que las personas que defienden la asistencia sexual y dicen abanderar la defensa de la diversidad y la inclusión y los derechos e intereses de las personas con discapacidad, deberían pensar si, por el contrario, lo que hacen no será mandarnos un mensaje devastador y profundamente discriminatorio. Y, en cualquier caso, si una persona no resulta deseable sexualmente para nadie, lo tendrá que asumir y punto. Como asumimos decenas de frustraciones a lo largo de nuestra vida, tengamos o no dificultades físicas o psíquicas añadidas.



5. No es necesario abordar este tema con perspectiva de género
Claro que sí, en primer lugar porque la inmensa mayoría de personas con discapacidad que han recurrido a la prostitución son hombres. Y, en consecuencia, y en segundo lugar, porque nunca somos las mujeres con discapacidad, las protagonistas de este asunto. Las hay, cierto, pero son minoría. Por tanto, la perspectiva de género es fundamental. Dicho esto, me parece que al igual que un hombre discapacitado no tiene derecho a reclamar asistencia sexual, tampoco una mujer debe demandar dichos servicios a una persona asistente sexual, sea una mujer o a un hombre. Con todo, puesto que la mayoría de demandantes de prostitución, discapacitados o no, son hombres, y la inmensa mayoría de personas prostituidas son mujeres, no hacer hincapié en que la injusticia de demandar servicios sexuales amparándose en sus circunstancias físicas o psíquicas la cometen fundamentalmente hombres privilegiados por el patriarcado, sería un ejercicio de hipocresía; negar la evidencia. Me opongo no sólo por su carga patriarcal y por su relación íntima con la prostitución sino porque creo que contribuye a concebir el sexo como un bien intercambiable, o peor, algo que se pueda donar sin poder demandar reciprocidad y deseo mutuo. Y dudo mucho que en realidad se base en el altruismo. Ni quiero que nadie se sienta con el deber de satisfacerme sexualmente ni quiero que nadie me demande, a mí ni a nadie esa tarea. El sexo, o es mutuo, libre y recíproco o no es.

    Ni quiero que nadie se sienta con el deber de satisfacerme sexualmente ni quiero que nadie me demande, a mí ni a nadie esa tarea. El sexo, o es mutuo, libre y recíproco o no es.

Por tanto, si lo que preocupa es luchar por una mejor vida sexual a las personas con discapacidad, vayamos a la raíz: eliminemos prejuicios y discriminaciones, esforcémonos en construir relaciones sexuales y/o afectivas más profundas y no basadas en la cáscara, en la apariencia, en la superficialidad. Busquemos una sexualidad más amplia, que satisfaga a tod@s sin someter a nadie. Y por favor, que quienes defienden la asistencia sexual, dejen de considerarnos incapaces. Y dejen de exculpar y bendecir a los hombres que utilizan la excusa de su discapacidad para tener libre acceso al cuerpo de las mujeres.

Fuente:
http://www.tribunafeminista.org/2017/04/cinco-mitos-sobre-la-asistencia-sexual/





sábado, 19 de agosto de 2017

Los 'loverboys' que prostituyen a menores en Holanda aprovechando un vacío legal

¿ES EFECTIVO LEGALIZAR LA PROSTITUCIÓN?
Los 'loverboys' que prostituyen a menores en Holanda aprovechando un vacío legal
"Nunca imaginé que acabaría siendo un objeto que pasaría de mano en mano, que me iban a prostituir en coches y a plena luz del día”, relata una víctima de los 'loverboys' holandeses


Foto: Dibujo realizado por Alexandra, víctima de la explotación sexual.

IMANE RACHIDI. LA HAYA
15.08.2017 –

Alexandra quería ser popular entre los chavales de su instituto, pero nunca se imaginó que ese deseo daría un vuelco a su vida. “Me acerqué a unos chicos porque eran muy temidos por los niños de clase, me sentía más poderosa teniéndolos de mi lado, pero nunca imaginé que acabaría siendo un objeto que pasaría de mano en mano, que me iban a prostituir en coches y a plena luz del día”, relata esta joven de Países Bajos, quien a sus 25 años ya ha pasado por manos de decenas de hombres, en contra de su voluntad. Ha estado ocho años controlada por los conocidos como los 'loverboys', chavales que utilizan el engaño y el chantaje para 'enamorar' a jóvenes menores de edad y acabar obligándolas a prostituirse en las calles de un país donde la prostitución no forzada es legal.

La historia del proxenetismo escolar tiene siempre los mismos protagonistas: jóvenes menores de edad, conocidos por todos, que se fijan en chicas adolescentes para manipularlas psicológicamente hasta obligarlas a actuar a su merced. Según datos oficiales, cada año decenas de niñas caen en manos de un grupo, o una persona, que las prostituye. La relación entre Alexandra y su “loverboy” empezó en el patio del colegio donde estudiaban. Le hicieron sentirse importante. “Tenía 15 años, era una chica normal, vivía en una familia feliz, rodeada de mis hermanos mayores. No había sufrido 'bullying', simplemente me acerqué a ellos para ser más popular”, relata a El Confidencial, mientras se enciende su enésimo cigarro y acaricia a su perro.

Quiere mostrarse fuerte. Asegura que ya ha superado todo lo ocurrido, pero el temblor de sus manos y el movimiento continuo de sus piernas la delata. Tan solo han pasado un par de años desde que ha empezado a recuperar la normalidad, mientras da charlas en los colegios sobre esta problemática que vive Holanda. A pesar de haber legalizado la prostitución, voluntaria y ejercida por mayores de 18 años, y de tener inmensos barrios rojos repartidos por diferentes ciudades del país, Holanda ha dejado cabos sueltos: los “loverboys”, los amantes que exigen a las niñas prostituirse para hacer caja a sus proxenetas, escapando a la vigilancia de las autoridades, padres y educadores.

“Eran chicos de mi misma edad. Algunos de mi clase. Quedamos un día y me presentaron a un hombre mayor que les pasaba droga. Me dijo que tenía que vender yo también, como el resto del grupo. Me aseguró que nunca me pillarían y que será divertido. Lo hice unas diez veces, hasta que me empecé a sentir mal y tener miedo a que mis padres lo descubrieran”, rememora esta joven. Su temor hizo que quisiera alejarse de todos esos chavales y de su nuevo mundo, pero ya no había vuelta atrás. “No se lo tomó nada bien. Me amenazó con ir a la Policía y decirles lo que había hecho. Me dijo que ahora tenía que darle dinero, de otra manera: prostituyéndome. Me violó y luego empezó a llevarme de coche en coche para acostarme con otros hombres”, relata, sin descomponerse y ayudándose de las caladas a su cigarro.

Los abusos a menores han crecido hasta convertirse en un fenómeno endémico mundial favorecido por el incremento del número de viajes de negocios en lugares hasta ahora remotos

Un negocio despiadado

Estuvo todo el curso con su destino atado al humor de su proxeneta. La recogía cada mañana y se la llevaba a Rijswik, una zona residencial a unos 20 minutos de La Haya, donde atendía a la clientela. “Me acostaba con hombres durante el día porque, claro, de noche mis padres no me dejaban salir. Él lo tenía todo calculado para que nunca me pillasen. Me sacaba de clase y el colegio nunca llamó a mis padres”, lamenta, sobre sus inicios en la prostitución forzada. La niña que nunca faltaba a clase y que siempre iba con un boletín de buenas notas a sus padres, cambió radicalmente de vida. Empezó a fumar y a descubrir las drogas de manos de un proxeneta. “Una amiga se chivó sobre ‘los chicos malos’, pero mi madre no quiso creerla, le dijo que yo era una buena chica y que era impensable que estuviese haciendo eso”, dice. Cuando su madre vio que su niña, adoptada, se maquillaba cada vez más, pensaron que su pequeña “era una adolescente y estaba cambiando por la edad”, confesó la progenitora, una década después.

Alexandra se acostaba con esos hombres vigilada por un señor que rondaba los cuarenta. “A mí no me daban dinero, los clientes se lo entregaban directamente a él, que lo manejaba todo. Me tenían controlada, amenazada y eso sí, me drogaban siempre”, advierte. Un día, de repente, nadie vino a recogerla a la puerta del colegio. Los muchachos entraron a clase como si nada estuviese pasando. Y ella hizo lo mismo. Su “dueño”, como se refiere a él a veces, había sido detenido por la policía, acusado de tráfico humano y de prostitución forzada. Ella no era su única víctima, según las noticias.



  

           Alejandra de espaldas a su dibujo, que denuncia el proxenetismo escolar en Holanda.

Ese día, Alexandra volvió a casa pero no le contó nada a nadie. Decidió mantenerlo en secreto mientras asimilaba que ya nadie iba a suministrarle drogas ni tenía que acostarse con hombres que le triplicaban la edad. Su proxeneta, aquel hombre que le pegaba una cachetada cada vez que se quejaba, el mismo que le regalaba prendas nuevas para mostrarse sexy, y que había irrumpido en su adolescencia para ponerle fin, estaba ya en manos de la Policía. Según un informe del Relator Nacional sobre la Trata de Personas y Violencia Sexual contra los Niños, ese año (2008) unas 165 menores, en su mayoría chicas, habían sido víctimas de tráfico humano en Holanda. Desde entonces, decenas de jóvenes, no solo menores, son víctimas de la explotación sexual.

La Policía holandesa explica en su web que un “loverboy” actúa de diferentes maneras. La más habitual es que un chico, más mayor que la niña, se acerca a ella de manera suave, poco a poco. Dice amarla, “le da el calor que no puede tener en casa “y mantienen contacto constante en personas, por teléfono, y las redes sociales “para embaucarla”. “Luego trata de hacer que dependa de él, por ejemplo, provocando discusiones entre ella y su mejor amiga o sus padres, para asegurarse de que solo le tenga a él para hablar. Le dirá que la Policía no es de fiar. Y le hará hacer cosas que ella realmente no quiere hacer, hasta acabar en el tráfico de drogas y en la prostitución… A veces bajo amenaza, otras aprovechándose de su confianza. “Le dará drogas, incluso por la fuerza”, añade la Policía en su página web. Un “loverboy” es un traficante, -añade-, un criminal “sin escrúpulos que quiere ganar mucho dinero a expensas de víctimas vulnerables”.

La pesadilla continúa: "Me vendieron por 200€"

Alexandra afirma durante la entrevista que se reconoce en la descripción policial. “Dejé de valorarme, me perdí el respeto durante esos años, no estudiaba, no sabía a quién recurrir. Cuando detuvieron a mi “loverboy”, me quedé con el trauma, y la psicóloga que contrataron mis padres no logró que yo hablase porque sentía vergüenza. Me hundí mucho más y no pude hablar ni denunciar lo que pasó”, rememora. Los traficantes son muy escurridizos y sus crímenes son difíciles de demostrar, como constatan las víctimas y las autoridades. “¿Cómo demuestras que fuiste violada? Las violaciones no tienen lugar en un supermercado, sino en casas, a las que las chicas acaban yendo de alguna manera voluntariamente, y ninguna tiene pruebas de nada. Las chicas se duchan después de acostarse con otros hombres y bajo las drogas puedes hacer barbaridades, entonces ¿cómo pruebo las violaciones?”, sentencia.

“Estuve mucho tiempo sin confiar en nadie y sintiéndome avergonzada de mi misma, hasta que a los 19 años conocí a un chico del que me enamoré. Era muy agradable, le conté lo que me pasó y siempre me repetía que no todas las relaciones giraban en torno al sexo, que él me quería de verdad, y me iba a proteger. Nos hicimos novios, venía a mi casa, y yo iba a la suya”, recuerda, con un rostro de arrepentimiento. “Todo era maravilloso hasta que, tres meses después, me presentó a un hombre de 60 años, narcotraficante. Acabé usando drogas, estábamos siempre en su casa, le cogí mucha confianza y hablábamos siempre de cosas personales. Creí que éramos amigos”, añade.

Ese sexagenario estaba preparando el camino para reconocer su verdad, y la de su amigo. “Un día estaba yo muy drogada y ese hombre me dijo que quería que yo me acostara con él, una sola vez, y que él me daría mucho dinero por ello”. Sorprendida por esta oferta, Alexandra miró entonces a su novio, en busca de socorro y protección. Su respuesta, asegura, fue: “Sí, hazlo, no tiene nada de malo”. Fue ahí cuando esta joven, entonces a punto de cumplir los 20 años, descubrió que su novio, el primer hombre en el que volvía a confiar después de ser víctima de la explotación sexual durante su adolescencia, era también un “loverboy”.

Esa noche, y bajo efecto de las drogas, acabó acostándose con un señor que le triplicaba la edad y por el que sentía repulsión. Lo hizo por órdenes de su nuevo amor. Desde ese día se acabó convirtiendo en su “dueño”. “Me obligó a estar en su casa. Me drogaba, luego me subía a la planta de arriba de la casa y mandaba hombres, uno tras otro, para que se acostaran conmigo. En el piso de abajo, le pagaban a él. Estuvo mucho tiempo así hasta que se hartó de mí”, lamenta. Este proxeneta “se la vendió” a su primo por “200 euros”. Era una persona “muy abusiva”, reconoce dos años después de haberse alejado de él.

El síndrome de Estocolmo

El que sería su tercer propietario era “un pez gordo” en el tráfico de personas en Holanda. Tenía muchas más chicas en su poder, las prostituía en la calle o en un prostíbulo. Algunas eran menores de edad, con documentación falsa. Las otras estaban en su veintena, pero en sus manos años antes. “Cuando me entregó a él, me deprimí. Sentí que él no me quería. Yo era leal a él y hacía todo lo que me pedía. Me sentía despreciada y estaba convencida de que yo había hecho algo mal. Yo era una víctima pero pensaba que la víctima era él”, habla Alexandra, sobre lo que se define como síndrome de Estocolmo. “Era muy violento. Me pegaba con un cinturón. Me enseñó a no sentir dolor. Me maltrataba y golpeaba hasta que un día dejé de sufrir y sentir dolor. Ahí fue cuando paró. Era un enfermo. Pero aun así, cuando me entregó a su primo me sentí triste y eso no era normal”, afirma.

El prostíbulo donde acabó ejerciendo Alexandra fue determinante para ella. “Lo que sufrí antes era un paraíso con lo que tuve que vivir a manos de su primo. Los clientes eran gente abusiva. Uno quería que yo fuese como un perro. Me puso un collar y me ató al radiador. Me pasé toda la noche ahí. Y al día siguiente me volvió a violar. Otros hacían conmigo lo que querían. Uno me violó y después me puso una pistola en la cabeza para matarme. Apretó el gatillo pero no salía ninguna bala. Yo me hice pis encima del miedo que pasé. Acabé destruida”, cuenta. “Si la prostitución forzada existe es gracias a los clientes, pero los clientes no quieren ver la realidad, y hasta les gusta estar violando niñas”, lamenta. Tras varias semanas, y aprovechando un momento de despiste del guardia, escapó de ese lugar. A pesar de todo su sufrimiento, se lo pensó dos veces antes de huir porque, dice, “ellos eran lo único” que le quedaba en la vida.

Esa es precisamente la táctica que siguen los “loverboys” para tener controladas a sus víctimas, advierte la Policía holandesa. Las convierten en emocional y financieramente dependientes, y les dejan la puerta abierta para irse, convirtiendo su vida en un ciclo de abusos sexuales y psicológicos, e incluso llegando a hacer que ellas trabajen como prostitutas legales detrás de los escaparates de un barrio rojo para entregarles el dinero a sus proxenetas. Por ello, cada vez hay más instituciones y grupos de padres con hijos víctimas de “loverboys”, intentan actuar contra esta lacra que el Gobierno no consigue erradicar.

El Barrio Rojo de Amsterdam cuenta con un museo de la prostitución (Efe)

Fundación StopLoverboys: "Salvar a las niñas"

Anita de Wit, madre de una chica de 25 años, abre las puertas de su casa a El Confidencial para mostrar el lugar en el que ha acogido a decenas de jóvenes que han caído en una red de prostitución forzada. El que fuera su hogar, en Alphen ad Rijn, población situado entre La Haya y Utrecht, se ha convertido en lo que ella misma llama “centro de acogida”. Su hija fue capturada por un “loverboy” hace 10 años y cuando empezó a buscar ayuda a las autoridades y las instituciones, se encontró con un muro de ignorancia sobre un problema real de Holanda. Su pequeña tenía entonces 14 años y a día de hoy aún es víctima de una red de tráfico humano: está en manos de su cuarto “loverboy”.

Una madre desesperada por salvar a su hija y una ley que considera que las mayores de 18 años son lo suficientemente adultas como para saber lo que están haciendo, a pesar de haber sido capturadas cuando eran menores de edad. “A ojos de la Policía, ella es mayor y tiene que tomar sus propias decisiones, pero es adicta a las drogas, y no es dueña de su propia vida desde hace una década”, afirma. Anita no está en contacto con su hija y la información le llega con cuentagotas, pero siempre intenta estar al tanto de los pasos de ella para saber cómo y dónde está.

Los médicos intentaron ayudar a Anita recetándole antidepresivos, pero ella prefirió “tirarlos a la basura y comenzar a luchar por salvar a las niñas” víctimas de estos grupos mafiosos. Su fundación se llama "stoploverboys" y para gestionarla recibe la ayuda de su otro hijo, un chaval que se patea ahora las calles intentando aliviar el sufrimiento de muchas chicas que se prostituyen en las calles. “Como sabe que no las puede sacar de ahí, ni salvar, intenta tomarse un café con ellas o invitarlas a algo, para hablar y que sepan que hay personas más allá de la mafia, dispuestas a ayudarlas”, añade.

El movimiento juvenil del Partido Social holandés (ROOD) es uno de los grupos que han llevado a cabo campañas en Holanda para ayudar las víctimas de violencia sexual y prostitución. Durante los últimos años han denunciado que la Policía no se toma en serio la problemática de los “loverboys”, y la protección y asistencia a las víctimas deben mejorar. El ROOD elaboró un informe para respaldar su denuncia en el que incluyó entrevistas con 21 niñas que tenían entre 12 y 24 años de edad cuando fueron obligadas a prostituirse por sus “novios”, engañadas con promesas de amor.

“Las víctimas tienen a menudo una idea negativa sobre la Policía”, reconoció Sigrid van de Poel, directora de Protección juvenil de Seguridad. Por ello, en Ámsterdam, la Policía acordó el pasado mayo trabajar codo con codo con las instituciones sanitarias y juveniles para apoyar psicológica y legalmente a las víctimas de los “loverboys”, y para hacer que las comisarías sean un lugar de confianza para las mujeres jóvenes que quieran deshacerse de sus proxenetas. A día de hoy, solo en la capital holandesa, hay 40 niñas en tratamiento psicológico tras haber sido víctimas de trata de personas.

Prostitución legal: ¿efectiva?

El pasado 1 de agosto, un holandés de 28 años, residente de Utrecht, fue condenado a tres años de prisión por un intento de trata de seres humanos y de forzar a una niña menor de edad a la prostitución. Tenía antecedentes penales por una causa similar. Según el juez, era una persona “sofisticada” en lo que hacía. Inició una relación sentimental con una joven, le hizo fotos y vídeos mientras se estaba duchando y amenazó con publicarlas en las redes sociales si no se prostituía para él. Ella no se sometió a sus órdenes y él publicó las imágenes. “El condenado tiene una completa falta de comprensión de lo reprobables que son sus actos. Fue condenado en 2016 por hechos similares y cometió el mismo delito de nuevo”, afirmó el juez.

En mayo de 2009, la escritora holandesa y víctima de un “loverboy”, Maria Mosterd, reclamó 74.000 euros en compensación a la escuela Thorbecke, su antigua escuela secundaria en Zwolle, en el noroeste de los Países Bajos. El colegio no proporcionó un ambiente seguro de aprendizaje e ignoró sus frecuentes ausencias, recalcó la víctima. Mosterd escribió un libro titulado “Los hombres reales no comen queso”, en el que cuenta su historia: a los 12 años fue capturada por un hombre más mayor que ella y estuvo durante cuatro años cautiva, luchando para escapar de sus manos.

El problema es tanto sacar a las víctimas de estas redes, como reintegrarlas en la sociedad. Holanda no está preparada para hacerse cargo de las víctimas de los “loverboys”, denuncia tanto Anita como Alexandra. “Cuando he conseguido salir, tenía dos opciones: la prisión o el manicomio. Al final me vi encerrada en un psiquiátrico, rodeada de psicópatas y asesinos. Fue muy duro. Me daban muchas crisis, ataques de locura, estaba todo el día con tranquilizantes. Me quitaban la ropa, me ataban y me dejaban sola en aislamiento. Cada noche. Me trataban como una loca. Para ser justos, lo estaba, no estaba muy normal”, concluye, esta vez, mostrando todo su enfado por no haber roto antes con sus verdugos.

Alexandra lleva dos años teniendo pesadillas cada noche y las cicatrices que marcan todo su cuerpo son reflejo de todo lo que le pasó. Algunas se las hizo ella misma, otras las palizas de clientes y proxenetas. Señalándolas, mira hacia el futuro con optimismo y dice que su sueño es levantar cabeza, rehacer su vida y especializarse en la ayuda a las víctimas de la prostitución forzada. “Nadie los entenderá mejor. Yo he sentido mucha vergüenza y miedo. La gente me miraba como si yo fuera un monstruo, pero fueron ellos, mis loverboys, los que me convirtieron en un monstruo”, afirma, decidida a recuperar siete años de su vida robados por una mafia que cuestiona la efectividad de la legalización de la prostitución.



Fuente
https://www.elconfidencial.com/mundo/2017-08-15/explotacion-sexual-loverboys-holanda_1428973/

Nota: imágenes, negrita y letra en color son copia del original.