lunes, 8 de mayo de 2017

El trabajo en el capitalismo: de la esclavitud a la prostitución



El trabajo en el capitalismo: de la esclavitud a la prostitución
Por Hashtag
fecha julio 2, 2014@RHashtag 
Prostitución
Por Gerardo Ambriz

Hace tres días que no como
 siquiera un pedazo de pan.
 El poder de mis veinte años
 se lo venderé al mejor postor.

Attila József

(02 de julio, 2014) .- A principios de abril, un equipo de periodistas, comandado por Carmen Aristegui, sacó a la luz una posible red de prostitución dentro de la sede del PRI en el Distrito Federal. En la investigación periodística se puso en evidencia que Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, entonces presidente del PRI capitalino, contrataba edecanes, no para realizar tareas correspondientes a ese tipo de trabajo, sino para satisfacer sus caprichos sexuales. Por si fuera poco, el sueldo de las edecanes no salía de los bolsillos del dirigente priísta, sino que era cargado a la nómina del partido, la cual se nutre de los impuestos que pagamos los mexicanos. La parte más reveladora de la investigación periodística fue precisamente la grabación donde se escucha a Priscila Martínez, la asistente del dirigente imputado, explicándoles a las edecanes que de ser contratadas tendrían que tener relaciones sexuales con su jefe. Dicha asistente fue grabada sin darse cuenta, pues una reportera que se hizo pasar por edecán llevaba una grabadora oculta.

El problema de las mujeres que acudieron a la entrevista de trabajo (junto a la reportera infiltrada), empezó cuando, al encontrarse desempleadas, vieron un anuncio en internet donde se solicitaba edecanes para trabajar en dicho partido político. Cuál sería su sorpresa cuando en la entrevista les explicaron que su “trabajo” sería muy diferente al que se prometió en el anuncio. En la grabación se escucha decir a Priscila Martínez que la vacante requiere de “amplio criterio” por parte de las aspirantes a cubrirla, ya que deberán tener sexo con el dirigente político, pero que no se preocuparan pues, en palabras de ella: “sería únicamente con él, no a diario ni a cada rato, ni te lleva a un hotel, ni hace contigo lo que quiere… Todo es dentro del horario de trabajo y puede ser dentro de la oficina”. Y remata diciendo: “se manejan dos tipos de relación: oral y vaginal; oral es sin protección, vaginal con protección. Terminas, pasas a su baño, tiene enjuague bucal, pasta de dientes, Isodine, y todo lo de higiene”.[1]

Mural en un lupanar de Pompeya. Siglo 1 DC
Ahora bien, lo que se dice en la grabación podría ser analizado tanto desde la perspectiva jurídica, donde se podrían señalar y fincar responsabilidades por los posibles delitos cometidos; como desde la perspectiva de la ciencia política, que mostraría que el caso del PRI capitalino es un síntoma más de la decadencia y corrupción del sistema político mexicano. No obstante la importancia de esos enfoques, nosotros proponemos un análisis que compare lo dicho en la grabación con lo que sucede en el mundo del trabajo en el sistema capitalista. Y cuando hablo de lo que implica trabajar en el capitalismo, me refiero no sólo a lo que sucede dentro de la fábrica, taller, parcela, comercio y oficina (privada o gubernamental); también incluyo lo que sucede cuando un desempleado acude desesperado a una entrevista de trabajo.

Así, en un sistema económico como el nuestro que no garantiza el trabajo para todos, el problema de los trabajadores empieza cuando, previamente, se encuentran desempleados. Es fundamental entender que en este sistema el trabajo no se garantiza porque, de hecho, el desempleo ocupa un lugar esencial en la dinámica del capitalismo. Algunos economistas críticos han sostenido que el desempleo le sirve al capitalismo para mantener los salarios bajos, pues entre más personas desempleadas haya que quieran trabajar, los empleadores tendrán la oportunidad de mantener y ofrecer un sueldo más bajo. Pero más allá de especular con la oferta y la demanda de mano de obra, lo que casi no se menciona es que el desempleo coloca a la persona en una situación de hambruna y precariedad que la hace dócil frente al empleador, casi a punto de implorarle que por favor la explote.

Este juego inherente al capitalismo, donde se trata al trabajador como a una mercancía cualquiera, al grado de orillarlo a considerarse a sí mismo como un objeto, lo criticó Marx claramente en los Manuscritos económico-filosóficos de 1844: “Cuando la oferta es considerablemente mayor que la demanda, una parte de los obreros se ve empujada a la mendicidad o condenada a morir de hambre. La existencia del obrero se halla reducida, por tanto, a la condición propia de cualquier otra mercancía. El obrero se ha convertido en un objeto y puede darse por satisfecho cuando encuentra comprador”[2].

Cuando todavía no conocía los Manuscritos de Marx, Georg Lukács,  desarrolló su teoría de la “cosificación” (también conocida como “reificación”), partiendo del fetichismo de la mercancía de El capital.  Dicho de manera sencilla, la “reificación”, en el ámbito de las relaciones humanas consiste en tratar a las personas como si fueran cosas. Pero eso no sucede, según Lukács, porque a alguien se le ocurra tratar a una persona como a cualquier objeto; la “cosificación” no es un problema de la voluntad de individuos aislados, es un problema inherente al sistema capitalista cuya lógica mercantil poco a poco ha ido infectado todas las relaciones entre humanos[3], y no sólo las relaciones en el ámbito económico. Desde luego que eso no exculpa a individuos que, como Cuauhtémoc Gutiérrez, contratan empleados para usarlos como cosas. Tampoco exime de responsabilidades a Priscila Martínez que, sin ningún asomo de empatía con las mujeres que entrevistó, y de manera casi mecánica, como si le hablara a robots, vierte la verborrea que cité más arriba.

Sobre la misma línea de Lukács, Axel Honneth dirá que en la actualidad no existe sólo el problema de que una persona trate a otra como a un objeto. También existe el fenómeno de la “autocosificación”, donde la persona se trata a sí misma como cosa, lo cual se deja ver precisamente en las entrevistas de trabajo. Honneth asegura que en décadas pasadas el entrevistador tenía como función la de “verificar mediante documentos escritos, o testimonios de capacidad, la aptitud de un solicitante para realizar una actividad específica”. Pero ahora, según él, las entrevistas de trabajo sirven para que el entrevistado se venda a sí mismo, es decir: “exigen que el solicitante ponga en escena de modo convincente y ostentoso de qué manera se comprometerá con su trabajo, en vez de tener que informar acerca de las cualificaciones que ya ha obtenido”[4].


Pero el problema no acaba ahí, una vez que el trabajador, o la edecán, ha atravesado por las penurias del desempleo y las humillaciones de la entrevista laboral, se enfrentará, ahora sí, a la brutalidad de los medios de producción, donde tendrá que sufrir las consecuencias de pertenecer a la clase social que no tiene otra cosa que vender más que su propio pellejo. Nuevamente nos remitimos a Marx, aquel filósofo que no estuvo enclaustrado en las paredes de alguna universidad y presenció directamente cómo el trabajador del siglo XIX era tratado peor que un esclavo. Para eso Marx usará dos tonos distintos: el humanista de los Manuscritos de 1844, y el teórico social de El capital. En la primera obra nos habla de la “enajenación” en el trabajo, que consiste en el sometimiento del trabajador para realizar un trabajo propio de las bestias de carga; un trabajo cuyos frutos le serán esquilmados por su patrón; un trabajo que “mortifica su cuerpo y arruina su espíritu”[5]; un trabajo que está muy lejos de contribuir al desarrollo, liberación y fortalecimiento de su esencia humana; y un trabajo del que huirá “como de la peste, en cuanto cese la coacción física”[6].

En la segunda obra Marx nos mostrará las situaciones que pueden ocurrir dentro del centro de trabajo, y dentro de los eternos horarios de trabajo. En El capital aparecen muchos ejemplos de cómo por la hambruna de capital en la Inglaterra decimonónica, perecieron, hombres, mujeres y hasta niños de 8 años, tras inhumanas jornadas de 16 horas, exceso de trabajo forzado, y salarios de hambre. Es tan brutal el capitalismo en los centros de trabajo que no exageró Marx cuando dijo que éste transforma la “sangre infantil en capital”[7]. Tampoco se excedió cuando dijo que en la Inglaterra de ese tiempo, Dante hubiera encontrado “sus más crueles fantasías infernales”[8].

Finalmente, muchos tal vez pensarán que la comparación fue un exceso y, por lo mismo, consideren que es peor el caso donde en un trabajo se orille a las mujeres a prostituirse, que el caso donde se obligue a hombres, mujeres y niños a trabajar en condiciones infrahumanas. Para nosotros las dos situaciones son igual de reprobables y la comparación que hicimos no tuvo como objetivo señalar qué es mejor y qué peor, sino el invitar a que, así como condenamos la posible red de prostitución (desgraciadamente una entre mil), condenemos también las condiciones en las que se trabaja en los sistemas capitalistas, mismas que no han cambiado desde los tiempos en que Marx escribió. Además quisimos dar un panorama general de cómo estamos dentro de un sistema que nos tiene agarrados del cuello antes de trabajar (en el desempleo), en el proceso de ser seleccionados (en la entrevista de trabajo), y dentro de los centros de trabajo (en la fábrica, la oficina, el banco, la escuela, la parcela, el burdel, la oficina gubernamental, etc.). Sólo nos faltó mencionar que “una vez que la explotación del obrero por el fabricante ha concluido y aquél recibe el pago de su salario en efectivo, caen sobre él las partes restantes de la burguesía: el casero, el tendero, el prestamista, etcétera”[9].

[1] Audio disponible en: http://www.youtube.com/watch?v=6HDn7VTJHZE

[2]Marx, Karl, y Engels, Federico: Escritos económicos varios, Editorial Grijalbo, México, 1962, p. 28.

[3] Lukács, Georg: Historia y conciencia de clase, Vol. II, Editorial Grijalbo, México, 1985, p. 11.

[4] Honneth, Axel: Reificación. Un estudio en la teoría del reconocimiento, Katz, Buenos Aires, 2007, p. 144.

[5] Marx, Karl, y Engels, Federico: Escritos económicos varios, Editorial Grijalbo, México, 1962, p. 66.

[6]Ibid., p. 66.

[7] Marx, Karl: El Capital, Tomo I, Vol. 1, Siglo XXI, México, 1977, p. 327.

[8] Ibid., p. 296.

[9] Marx, Karl, y Engels, Friedrich: Manifiesto comunista, Crítica, Barcelona, 1998, p. 49.

Fuente: 

http://revoluciontrespuntocero.com/el-trabajo-en-el-capitalismo-de-la-esclavitud-a-la-prostitucion/




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